Sin esa sensacion, parece que la voluntad se hace trizas asi como cualquier alusion a poder y querer son suficientes. Hoy en dia que tanto se fomenta el control que ya ni parece posible sentir el cuerpo sin una leve alarma y temor a perderlo. Las dietas, el ejercicio y las imagenes que intentan moldearlo. He sugerido intercambiar tal palabra por "conectar". Al controlar las emociones, se sugiere que poco se soporta esa espontanea expresion al conectar con ellas por un momento, de percibir como el cuerpo actua ante alguna alteracion. Cada plan, cada objetivo, parece no contemplar las contingencias.
El mandato dice: "controlate". La memoria tiene la cualidad de atar los logros, y decimos con placer: "tengo el control de mi vida", mientras que en los vacios se escapan los intentos fallidos. Seguimos atados como si las palabras hicieran cosas directas a lo real. Por que entonces cuando cumplimos un deseo, no llega la satisfaccion como se imaginaba y asi se escapa la verdad, el saber. La vigilancia constante en las acciones, la hiperexigencia, aisla la satisfaccion cuya raiz habla de hacer lo suficiente, reconocerlo. Pienso en quien calla sus esfuerzos hasta no verlos consumidos en el resultado, y cuando falla, mejor no decirlo, y se olvida al no traducir su vivencia. Hoy en dia hay pocos resortes para afrontar el sin control, la sin-razon, que cuando estos encuentros "intolerables" se acumulan, quedamos sin palabras con que atar, porque precisamente se deslizaron del discurso, para forzar un sentimiento u otras emociones al parecer mas validas que la frustracion.